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Pablo Zuleta Zahr • Ópera Pacífica

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En Proyecto Identidad Global (The Global Identity Project), Pablo Zuleta Zahr se vale de la fotografía para explorar la diversidad de identidades en entornos urbanos. Este ejercicio fotográfico, que se origina en Chile y se expande a otras partes del mundo, va construyendo en el tiempo una representación subjetiva de la sociedad a partir de registros de personas en espacios públicos, cuyas individualidades son a su vez celebradas dentro del gran mosaico cultural global.

Cada serie comienza con la elección de un lugar público, como una estación de metro o una plaza, en el cual se dé una gran afluencia de personas de distintos orígenes. Durante el transcurso de un día, Zuleta Zahr registra en video aproximadamente 15.000 transeúntes, de los cuales insertará un conjunto en una cuadrícula de gran formato, siguiendo una composición por patrones.

Los transeúntes son agrupados tomando en cuenta el color y tipo de vestimenta, así como los gestos corporales asumidos en su deambular. La estrategia organizacional cuida que no se preste a interpretaciones discriminatorias, como aquellas relacionadas con la etnia, el género u orientación sexual. Para el artista, cada persona, independientemente de su origen o identidad, ocupa un papel igualmente relevante en la imagen final.

Esta documentación de la efervescencia de la vida urbana constituye un diagnóstico societal de formato monumental. Un monumento poético al tiempo y al espacio sobre el que Zuleta Zahr nos cuenta más en esta entrevista.

La reunión virtual de personas de diferentes procedencias en un mismo plano plantea una lectura transversal de la sociedad, que históricamente ha estado marcada por diferencias de clase e identidades fijas o binarias. La cuadrícula tiene entonces el potencial de inscribir un discurso transversal e inclusivo. ¿Cómo surge esta idea?

La idea surgió cuando llegué a Alemania y comencé a observar a la gente con una mirada fresca y libre de prejuicios culturales. Como estudiante, empecé a explorar la posibilidad de llevar a cabo un estudio sociológico basado exclusivamente en imágenes. En ese momento, no sabía si sería factible ni cómo se verían las obras. Tenía 20 años, y este proceso reflejó el cambio cultural que experimenté al llegar a Alemania, una sociedad que, especialmente en ese momento, promovía la inclusión y la igualdad.

Además, la agrupación por género se convirtió en un tema interesante en los años siguientes. No investigo los cuerpos de las personas, solo las coloco en una cuadrícula según cómo se presentan a sí mismas en ese día, especialmente a través de los colores, que sirven como un criterio de agrupación neutral y cambiante. Las personas podrían estar en una parte de la composición un día y vestirse de otro color en otro día.

Este ejercicio se presenta a la manera de un censo visual que indirectamente nos revela desde los retratados la identidad cultural del lugar en el momento que fue capturada la imagen ¿Cuáles dirías que son los principales hallazgos al poner en relación distintas subculturas, grupos migratorios, raciales y etarios en un mismo espacio?

Solo observando las composiciones se puede acceder a información sobre las distintas sociedades globalizadas. Es posible identificar quiénes desempeñan los trabajos que a menudo nadie desea, como la limpieza en la calle, o quiénes son los encargados de realizar entregas a domicilio.

También es interesante observar la diversidad de personas que trabajan en entornos de oficina. En México, por ejemplo, un gran número de personas carga objetos voluminosos sobre sus hombros, transportándolos con su propio cuerpo, mientras que en las ciudades más prósperas, la gente utiliza servicios de transporte como Uber para llevar sus pertenencias.

En términos generales, la riqueza de una sociedad se manifiesta de diferentes maneras: en el caso de las mujeres, a menudo se refleja en la elección de vestidos lujosos y carteras elegantes, mientras que los hombres tienden a exhibir su prosperidad a través de automóviles y relojes costosos, elementos que no aparecen en mis obras.

Lo que resulta intrigante es cómo las tendencias de moda de las subculturas, que generalmente se manifiestan primero en los jóvenes, evolucionan hacia observaciones sobre las generaciones más maduras. Por ejemplo, en Berlín, uno de mis primeros proyectos, al observar a personas mayores de 40 años, todavía se podía percibir la influencia rusa en la ciudad a través de los gorros y abrigos que utilizaban.

Has propuesto el Proyecto Identidad Global como una plataforma para examinar las dinámicas de poder en la fotografía, en relación con los enfoques históricos colonialistas de antropólogos y etnólogos. ¿Cómo cuidas de no exotizar a tus retratados?

La fotografía documental con intereses sociales tiene el problema de que es muy fácil caer en la explotación de los sujetos o grupos sociales fotografiados, incluso cuando se lleva a cabo con las mejores intenciones. Cada artista o fotógrafo debe establecer sus propios límites y estrategias, tanto para capturar imágenes como para contribuir de alguna manera a la comunidad retratada.

En mis propios proyectos de este tipo, me he enfrentado a la necesidad de confrontar mis propios límites éticos. Simplemente, no me he sentido cómodo. El sistema en el mundo de la fotografía a menudo recompensa este tipo de proyectos con premios y otros reconocimientos. En mi opinión, por lo general parece que las personas están siendo instrumentalizadas, y parte del trabajo de los fotógrafos es no explotar a sus sujetos.

En mi caso, nunca presento a estas personas de manera aislada, y solo las muestro en movimiento. Los sujetos son intercambiables, y la calidad de la imagen depende más de la composición que realizo posteriormente en el estudio que de la persona fotografiada.

No los conozco personalmente, y solo los retrato porque estaban caminando en un día específico en un lugar específico. Históricamente, los antropólogos y etnólogos de países desarrollados viajaban para "observar" a grupos indígenas, y los presentan como lo “Otro”, lo ajeno, lo diferente a mi, los exotizan.

En mi caso, observo las sociedades globalizadas a las que siento que pertenezco, y mi enfoque se dirige hacia la sociedad en su conjunto en una metrópolis, no únicamente a lo típico o folclórico de esa cultura. Es ver lo que tenemos en común más que lo que nos diferencia.

¿Podríamos decir que estos registros se mueven entre la fotografía documental y artística?

Parte de una voluntad documental que le da contenido en un presente y un futuro y se libera y entrega a lo estético en el ejercicio compositivo.

Entiendo que el proceso para realizar estos ejercicios es bien espontáneo y casual, y que no dictas instrucciones. Pero ¿qué tanta libertad tienes al momento de retratar a personas anónimas?

Grabo a personas en movimiento en video. Nadie posa para la cámara. Las personas ven una cámara de fotografía o video en un trípode que no las apunta directamente, y simplemente pasan frente a la cámara. Por lo tanto, no están seguras de si las estoy filmando.

Luego, todas las personas son capturadas en la computadora, donde busco momentos interesantes. Clasifico las imágenes por colores y las reúno en la etapa de postproducción, es como jugar al "memory" con miles de personas que, por casualidad, están vestidas de la misma manera ese día. La idea es que el resultado se asemeje a una fotografía instantánea. Busco que lo imperceptible se vuelva perceptible a través de su repetición.

¿Con el tiempo has ido generando una especie de patrón de trabajo, donde de antemano ya vas de algún modo planificando y componiendo en terreno la imagen final?

El proceso comienza con la identificación del entorno urbano, algo que puedo controlar en cierta medida. De entre 4 o 5 lugares en la ciudad, selecciono aquellos donde el color de fondo me atrae y donde puedo imaginarlo como una obra de arte. También me aseguro de que los colores no se repitan, lo cual es algo que puedo controlar. Además, el lugar debe ser un sitio icónico con un alto flujo de gente.

Sin embargo, lo que sucede después escapa de mi control, como los colores y sus proporciones que me proporciona cada sociedad. Estos elementos son los que reflejan la sociedad en ese día en particular, y debo ingeniármelas para crear una composición que me satisfaga. Estas son las reglas del juego que he establecido para crear mi obra y representan el desafío que enfrento.

La mayor parte de lo que ocurre se da en los meses posteriores a la filmación, en el proceso de postproducción, que a veces puede tardar años después de haber filmado el material. Por eso me resulta difícil asignarle un año específico a las obras. A veces, coincide que el día de filmación es el mismo que el año en que terminé la composición de la obra, pero en general, esto ocurre después, uno o dos años después del día de filmación. Por ejemplo, la obra Baquedano, en la que trabajé en solitario sin asistentes, me llevó 7 años completarla.

¿Has tenido algún feedback de alguna de las personas retratadas?

Siempre pensé que alguien me escribiría un correo electrónico y me pediría una copia de la imagen. La verdad es que aún no ha sucedido. En general, no muestro a las personas de forma individual, ya que no se trata de retratos individuales. En medio de la multitud, es difícil que alguien se reconozca. Sin embargo, hubo una ocasión en la que, mientras realizaba el proyecto en Chile, en la estación Baquedano, un amigo del colegio pasó por casualidad. Años después, adquirió la obra en la que aparecía caminando.

Tras su inicio en Santiago de Chile y Berlín en 2003, y su expansión a Shanghái y la Ciudad de Nueva York en 2018, el proyecto documentó escenas adicionales en Sídney, Tokio, Ciudad de México y Moscú en 2020, en medio de la pandemia global. Tras su presentación en Galería Animal, The Global Identity Project se mostrará entre el 6 y 10 de noviembre en el Lishui Art Museum durante el Festival de Fotografía de Lishui, en China, compartiendo espacio con el renombrado fotógrafo Stephen Shore.

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